
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba mas allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estallo ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la
mar, y tanto su fulgor que el niño quedo mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba mas allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estallo ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la
mar, y tanto su fulgor que el niño quedo mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!
De "El libro de los abrazos" de E. Galeano
2 comentarios:
que maco...
Es que... tanta inmensidad abruma, pero a la vez conmueve.
Hola, guapísima. Yo tampoco he dejado de seguirte. Ni un solo día, te lo aseguro. Ni un solo post. Pero pensé, por tu silencio, que necesitabas y pedías silencio. Me costó, pero te lo dí. Me alegro muchísimo de que vayas hacia arriba. Te volveré a ver en la cima, de eso estoy segura. Y allí, en la cima, nos encontraremos :)
Un abrazo enorme.
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