
TALIS, el nombre me gusta.
Para acceder a la playa de Talís, situada al sur de la Menorca, entre Son Bou Santo Tomás, podemos hacerlo desde el mismo Son Bou después de andar los casi 4 km. de playa por la arena o bien por la otra, circundando la costa por un camino precioso, llano y fácil. Entre la playa y el monte, como decía Serrat, más que monte campos, campos recién segados. Y piedras, muchas piedras. Menorca la definen como tierra de “pedres i vent”, pues ahí teníamos de todo, piedras (y yo con chancletas) y un viento del norte que aunque hacía que el mar en el sur estuviese tranquilo, te azotaba la cara y aminoraba, aparentemente, el efecto del sol, cosa que más tarde noté en mis hombros y nuca.
Esa playa la conoce poca gente precisamente por ese acceso. Como os decía el más fácil es por Santo Tomás, pero para retomar el “camí de cavalls”, un camino que da toda la vuelta a la isla desde la dominación francesa, y que ahora es reivindicado su derecho libre de paso por los menorquines, ya que muchos de sus tramos pasa por fincas particulares. Como es el caso, y para ello tenemos que internarnos en los jardines de un hotel ingles, o para ingleses, como muchos de aquí, reminiscencia de otras invasiones. Y así, a la brava, nos metemos en medio. De lejos ya se oye la voz del animador por lo altavoces, pero… ¿anima? A mi no me lo parece, en fin, pobre chico, lo que tiene que hacer para ganarse la vida. Nos escabullimos entre tumbonas, turistas enrojecidos tostándose al sol y niños bañándose en la piscina. Pero creo que sí, que se nos notaba que no éramos de los suyos… Sobre todo Robert, con su piel morena y su camiseta “jornalero”, su gorra… pero no nos hicieron mucho caso. Así que atravesamos en silencio un pequeño pinar y luego una valla con una puerta que nos situaba fuera ya de“dominio británico”. Y empieza el “camí de cavalls”, primero seguimosel mismo pinar hasta salir ya a tocar casi con la costa, y, ¡glups!, que susto, menudo despeñadero, pero los azules del mar preciosos.

Por el camino vamos viendo como de vez en cuando, el mar se introduce en la tierra como formando pequeños fiordos. En algunos de estos entrantes, la naturaleza ha hecho que una piedra, como un islote quede descolgada y tapando casi el acceso a esa mini-cala de cantos rodados que ha quedado formada por la erosión del agua, tapados a veces por restos de algas, bueno, eso que llamamos algas que no lo son y aquí vuelve la disertación del biólogo. Son plantas y no algas lo que bordea casi todo el litoral y protege así los arenales de las playas: Posidonia oceánica.
Ahora hay una campaña ecologista para proteger esta “alga”, muy beneficiosa para el ecosistema. A la gente no le suele gustar pisar esas cintas marrones o que se le enreden por los tobillos al caminar por la orilla, a muchos les da asco bañarse en esas zonas más oscuras.

No veo la razón; son saludables para la piel y completamente inocuas. A mi me gusta incluso sentarme encima cuando se apilan ya secas tras los temporales de invierno y forman como bancales en la orilla del mar; son más blanditas que la arena y más limpias.
Seguimos caminando, a la izquierda los campos segados color ocre, con balas de paja recién hechas por las cosechadoras y listas en hileras para ser recogidas y almacenadas para forraje de invierno.
A la derecha el inmenso mar, algún islote con sus huéspedes, las gaviotas y algún cormorán. Al fondo un barco de vela.
Después de unos veinte minutos se divisa la cala. ¡Coñe, pero si hay gente!, Si que es somos muchos!… Es pequeña, con bastantes “algas” y rocas en el agua, pero unos metros mas allá, tras una pared de piedras, el paraíso; nadie en lontananza y nos aposentamos cerca de unas dunas para protegernos del viento de norte.

Lo primero al llegar, un bañito, el agua está fresca pero es unaverdadera delicia. El color es de un azul turquesa entremezclado con azul ultramar allí donde el fondo es de rocas y cuando el fondo arenoso es menos profundo, un azul verdoso. Vale la pena ver ese fondo. Al salir, el cuerpo mojado se queda frío por el aire, así que salgo reptando hasta la orilla y una vez allí me estiro en mi inseparable pareo marrón a secarme como un lagarto. El efecto del sol, allí protegida tras la duna se deja notar y pica. Pero que gustito… un rato. Ya no aguanto el sol como cuando era más joven, vuelta y vuelta, horas y horas; enseguida me siento y miro el horizonte.
Mi mente empieza a divagar. Es relajante mirar el mar. Es lo que hecho de menos de esta casa.
Robert se ha ido a caminar por las dunas, este hombre siempre de expedición. Aparece con un espécimen floral típico de las dunas, la azucena de mar. Preciosa, blanca como un lirio, sino fuera porque… su olor es horrendo, además es tóxica. La primera vez que las vi recogí unas cuantas y las puse en un jarrón de casa. Al día siguiente teníamos todos un fuerte dolor de cabeza, así que esa lección de botánica ya me la sé.
Antes de volver y para irnos más frescos nos damos otro baño. Ya es más de mediodía y el sol aprieta. Me protejo los hombros con el pareo multiusos a modo de capa.
A la vuelta el tiempo parece pasar más rápido que a la ida, siempre pasa cuando ya conoces tu destino. Por el camino me cuenta el secreto de supervivencia de otra planta típica de lugares salinos y arenosos, la Psamma arenaria o Ammophila arenaria (vulgarmente borrom o barron), formada por largos y finos cilindros, que en realidad no lo son, es como un pergamino enrollado sobre si mismo, que en la noche se abre para recoger la humedad del rocío y con sus finísimos pelillos, perdón, filamentos (que me reñirá) la retiene, se envuelve en sí de nuevo y de esta forma resiste la sequedad arenosa. Siempre aprendiendo.
La verdad es que la excursión ha merecido la pena.
2 comentarios:
Moltes Gràcies Gloria. Seguirem el teu blog d´aprop.
Atentament;
admin.; Es Mercadal Polit
Hola!
Estava buscant coses a internet amb el nom de la "meva" platja. El meu sogre és menorquí i fa força any que hi vaig cada estiu per veure la família.
Fa 8 mesos hem tingut una filla i de nom li hem posat Arlet, però ens va quedar un altre nom que ens agradava molt per posar-li a la nena: Talis, o Atalis.
Quina casualitat que diguis tu que t'agrada el nom, no?
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